Inteligencia Artificial 2026: de la promesa tecnológica al impacto empresarial
Un artículo de opinión de Armando Mejía Gonzales, experto en Tecnología y Procesos, Fundador del Instituto Transformación Digital para el Desarrollo

Durante los últimos años, la Inteligencia Artificial (IA) ha ocupado un lugar central en la agenda empresarial. Modelos cada vez más potentes, demostraciones impactantes y una narrativa permanente de disrupción marcaron la conversación. Sin embargo, este 2026, el foco comienza a desplazarse con claridad: la pregunta ya no es qué puede hacer la IA, sino qué valor real está generando para las organizaciones.
Este cambio no es menor. Representa el tránsito desde una etapa dominada por la experimentación tecnológica hacia una fase de integración operativa, donde la rentabilidad, la escalabilidad y el impacto medible se convierten en los nuevos criterios de éxito.
Este artículo se basa en análisis y reportes ejecutivos de firmas internacionales de consultoría y análisis tecnológico, así como en informes de organismos especializados en energía e infraestructura digital, entre ellos McKinsey & Company, Gartner y la Agencia Internacional de la Energía (IEA).
Del entusiasmo tecnológico a la exigencia de resultados
La adopción de IA ha crecido de forma acelerada en prácticamente todos los sectores. Hoy, la mayoría de grandes empresas ya utiliza algún componente de inteligencia artificial en sus operaciones. No obstante, diversos análisis coinciden en un punto crítico: la brecha entre adopción y generación de valor sigue siendo significativa.
Firmas globales de consultoría como McKinsey & Company han señalado que, si bien el uso de IA se ha generalizado, solo una minoría de organizaciones logra impactos financieros sostenidos y escalables. En este contexto, la presión desde los directorios y la alta dirección es cada vez más explícita: la IA debe demostrar mejoras concretas en productividad, eficiencia operativa, experiencia del cliente y calidad de la toma de decisiones.
Para las empresas latinoamericanas, este punto es especialmente relevante. En entornos marcados por restricciones presupuestarias, volatilidad económica y alta competencia, la tolerancia a iniciativas tecnológicas sin retorno claro es cada vez menor.
Agentes de IA: automatización avanzada a escala empresarial
Uno de los cambios más relevantes que se consolidará este 2026 es la evolución desde soluciones de IA aisladas hacia agentes de IA capaces de gestionar flujos completos de trabajo. Estos agentes no se limitan a asistir o responder consultas; están diseñados para ejecutar tareas de extremo a extremo, integrándose con sistemas empresariales existentes.
Proyecciones de analistas tecnológicos internacionales, como las publicadas por Gartner, anticipan que este 2026 una proporción significativa de las aplicaciones empresariales incorporará agentes de IA especializados por función. Esto tendrá un impacto directo en áreas como atención al cliente, operaciones, marketing y soporte interno.
Este enfoque redefine el rol de la IA dentro de la organización. Ya no se trata de “inteligencia artificial que piensa”, sino de automatización avanzada orquestada, alineada con los procesos del negocio y con objetivos operativos concretos.
Infraestructura y Energía: el nuevo límite de la IA
El crecimiento acelerado de la IA no es gratuito. A medida que aumentan los modelos, los agentes y las cargas de procesamiento, la infraestructura tecnológica se convierte en un factor crítico de éxito y, en muchos casos, en el principal cuello de botella.
Informes recientes sobre energía y centros de datos, elaborados por organismos internacionales como la Agencia Internacional de la Energía, advierten que el consumo energético asociado a la expansión de la IA crecerá de manera significativa en los próximos años. La disponibilidad de energía, la eficiencia de los data centers y la sostenibilidad pasan a ser variables estratégicas.
Para América Latina, esta discusión es particularmente relevante. Las decisiones sobre uso de la nube, arquitecturas híbridas, localización de datos y eficiencia energética ya no pueden tratarse como aspectos técnicos secundarios, sino como parte integral del diseño estratégico de cualquier iniciativa de IA.
Productividad: tecnología sin rediseño no es transformación
Uno de los aprendizajes más claros de los últimos años es que la IA, por sí sola, no garantiza mejoras de productividad. La evidencia muestra que los mayores beneficios se alcanzan cuando la tecnología se combina con rediseño de procesos, cambios organizacionales y desarrollo de capacidades internas.
Implementar modelos avanzados sobre procesos ineficientes solo automatiza la ineficiencia. Por el contrario, las organizaciones que obtienen resultados sostenibles son aquellas que revisan sus flujos de trabajo, redefinen roles y preparan a sus equipos para trabajar de forma complementaria con la IA.
En muchas empresas latinoamericanas, donde aún persisten procesos manuales o fragmentados, la IA representa una oportunidad para dar saltos importantes de eficiencia. Pero también implica el riesgo de invertir en tecnología sin abordar los problemas estructurales de fondo.
Implicancias estratégicas para las empresas de la región
El escenario este 2026 plantea una oportunidad clara para las organizaciones latinoamericanas: aprender de la experiencia global y avanzar directamente hacia modelos de adopción más maduros. No se trata de replicar modas tecnológicas, sino de identificar casos de uso con impacto real y alinearlos con la estrategia del negocio.
Las empresas que lideren esta transición serán aquellas que integren la IA como una capacidad transversal, con un gobierno claro, foco en generación de valor y una visión integral que considere procesos, personas e infraestructura.
La conversación sobre inteligencia artificial entra en una nueva etapa. La fascinación tecnológica cede espacio a la exigencia de resultados. Este 2026 la IA debe dejar de ser un experimento para convertirse en una capacidad organizacional clave, cuyo éxito se medirá por su impacto real y sostenible en el negocio.
La pregunta ya no es si las empresas deben adoptar inteligencia artificial, sino si están preparadas para gobernarla, integrarla y convertirla en valor.
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