La eficiencia en las cadenas de suministro agroalimentarias enfrenta un desafío crítico a escala internacional. América Latina y el Caribe concentra cerca del 20% de las pérdidas mundiales de alimento que ocurren entre la poscosecha y la venta minorista, a pesar de albergar únicamente al 9% de la población global. Según datos de la FAO, la región desperdicia el 11,6% de su producción agrícola y ganadera antes de que los productos lleguen a los anaqueles comerciales.
Contraste social y situación alimentaria en el Perú
Este volumen de mermas contrasta severamente con la vulnerabilidad alimentaria de millones de hogares latinoamericanos. En la región, 33 millones de personas sufren hambre y 167 millones experimentan inseguridad alimentaria moderada o grave. En Perú, la problemática presenta una dimensión alarmante para el desarrollo social y económico. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), 3 de cada 10 peruanos enfrentaron inseguridad alimentaria moderada o severa durante 2025.
Frente a esta coyuntura, Lima será sede a finales de septiembre de un encuentro regional promovido por la FAO. La iniciativa busca articular políticas urbanas en el marco del Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos. «En esta conversación cada actor tiene un tramo donde puede incidir, y el nuestro es la transformación: cómo se conserva un alimento, cómo se envasa, cómo se aprovecha lo que antes se descartaba«, señaló Juliana Cortez, Líder de Asuntos Públicos, Comunicación y Sostenibilidad de ALAIAB.
Tres frentes estratégicos de la industria
Para contener las pérdidas mundiales de alimento a lo largo de la cadena productiva, la Alianza Latinoamericana y del Caribe de Asociaciones de la Industria de Alimentos y Bebidas (ALAIAB) identifica tres pilares de acción técnica:
- Envases protectores y sostenibles: envases diseñados para aislar los productos de la humedad, la luz y el oxígeno, facilitando además el uso de PET reciclado con menor huella de carbono.
- Cadena de frío y almacenamiento: infraestructura térmica estable para evitar la descomposición de productos perecibles en zonas con climas extremos o traslados prolongados.
- Tecnologías de conservación: procesos industriales avanzados que prolongan la vida útil de los comestibles y ofrecen porciones adaptadas al consumo diario.
Sostenibilidad y eficiencia para las empresas
Mitigar estas mermas no solo mejora la disponibilidad de comida, sino que evita el despilfarro de agua, energía y horas de trabajo. Para las pymes agroindustriales, optimizar los procesos de transporte y almacenaje reduce costos operativos de forma directa. «Cada alimento y bebida que evitamos perder es también agua, energía, trabajo y recursos que logramos aprovechar«, concluyó Cortez. Combatir las pérdidas mundiales de alimento demanda un trabajo conjunto entre agricultores, fabricantes y distribuidores. Frenar las pérdidas mundiales de alimento permitirá consolidar sistemas comerciales más sostenibles y proteger la seguridad nutricional de las familias peruanas.
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